Hemos cruzado la línea

Hubo un tiempo, hace ya demasiados años, en el que parece que individuos bastante inteligentes habían descubierto el elixir no de la vida misma, sino del porqué de esta. Y se trata de la filosofía y uno de sus primeros métodos el diálogo, desarrollado en la antigua Grecia por dos genios llamados Sócrates y Platón. Ambos comprendieron que nos entenderíamos mejor a través del diálogo, de preguntas, de respuestas. Desde entonces nadie ha llegado a la verdad última del universo, o por lo menos el ser humano no se pone de acuerdo con ella.

Ese fluir de Formas o Ideas puede morir por la efervescencia de esos momentos que en cuestión de unos años se han evaporado como el agua. Esa sensación con la que uno siente que su cerebro está a punto de romperse de tanto meditar. Cada vez menos. Lo hacemos, pero engullidos por un individualismo feroz que, pese a ser necesario en ciertos momentos de nuestra vida, ha dejado sin abrigo con el que cubrir en invierno a la sociedad desvalida ni sombrilla con la que taparla del feroz y sofocante calor estival veraniego…

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