El psicoanálisis de Munch

El artista no pinta, disecciona almas. Leonardo da Vinci estudiaba los cuerpos, Edvard Munch tenía la habilidad de transmitir los diversos estadios por los que pasan las primeras: el pánico, la melancolía, la vitalidad, la muerte. El portazo al naturalismo para dar rienda suelta a la simbología más expresionista, contagiada en sus escarceos por los ambientes impresionistas de París. Son pocos los autores que logran transmitir una emoción profunda al espectador, y Munch y sus arquetipos bucean entre pinceladas para conseguirlo. El productor teatral austriaco Max Reinhardt fue uno de los elegidos para recibir esa sensación y encomendar al noruego la labor de homenajear al dramaturgo y poeta fallecido Henrik Ibsen. El resto es historia.

“No debemos pintar más interiores con gente leyendo o mujeres haciendo punto. En el futuro hay que pintar gente que respire, sienta, sufra o ame” (Manifiesto de Saint-Cloud)

¿Por qué su obra transmite más que el resto? La vocación es primordial en el paso previo al proceso de la creación. Pero también las experiencias traumáticas que el artista haya acumulado. Y Munch sufrió la enfermedad de varios miembros importantes de su familia: su madre o su hermana. Y tardará años en olvidarlo. Esos rostros compungidos por el pánico, los colores oscuros, la indefinición de algunas de las caras serán una manera de focalizar y desahogar sus penurias. Tardaría años en volver a los colores vivos gracias a su paso por los sanatorios y al devenir de la vida. Es incluso su cuadro más famoso, El grito, una representación de los ataques de pánico que él mismo sufría.

Seguir leyendo…

El cronista

La periodista Leila Guerriero se hacía la siguiente pregunta: “¿Para qué nos hicimos periodistas? ¿No era para contar el mundo?”. Tajante y segura de sí misma, acertada en la retórica, Guerreiro contestaba así a un redactor del periódico ABC. Y la autora de Una historia sencilla denunciaba lo que es una dolorosa realidad. Nos estamos centrando demasiado en el cómo, pero no en el qué. El contenido, que será leído en papel o web, debería ser siempre lo más cuidado. No en el periodismo de hoy, en el que vale más un buen titular para pinchar en el enlace que las buenas historias que pueda haber en el cuerpo de la noticia. Pero…un momento…eso lleva tiempo. Ja! El tiempo.
El periodismo es un, como decía Roger Wolfe: “lanza la mierda y lávate las manos”. Es un buscar, reflexionar, contar y después reconocer que si tu información despierta la crítica –que debería hacerlo- entonces despertará odios y pasiones al mismo tiempo. Pero la realidad es hoy tan distinta.

Seguir leyendo en www.lasemana.es

Obama no lo hará

La palabra tiene peso suficiente. Armas. Aquí, en España, las miramos de reojo porque a la mayoría nos dan miedo. De hecho nos sigue dando respeto o por lo menos una sensación de superioridad (no siempre positiva) cuando vemos a las autoridades con una pistola engalanando sus caderas.

Pero en Estados Unidos es normal. Tanto como para que un niño de 11 años haya matado a su vecina de ocho por no dejarle tocar a su perro. La escopeta era de su padre. Y todo apunta a que la tenía cerca, o al menos conocía su paradero. También sabía apretar el gatillo. Y apuntar. Y disparar. Y  en este caso asesinar. Y no sin querer, sino a propósito. Por no dejarle tocar a un perro.

De velar por nuestra seguridad a usar las armas como un juguete mortal. A miles de kilómetros de distancia mucha gente se pregunta si es necesario guardar una pistola en la mesilla “por si entran a robar”. ¿Es que en el resto del mundo la necesitan?

Seguir Leyendo