La novia gitana: poco apto para insomnes

La novia gitana3:00 AM. El reloj dictamina que me he pasado del límite mental para aguantar con solera el día que arranca en escasas horas. E l culpable es una novela negra. Una de las buenas, porque de lo contrario la literatura actúa como potente somnífero. Y es que las últimas páginas de La novia gitana, de Carmen Mola, son para devorarlas. No me suele pasar, creo que son pocos los libros que consiguen enganchar de esa manera.

Ya me avisaron. “Ojo, que es duro”. Y tanto que lo es. Insisto, son las 3:00 AM, he terminado de leer el libro y espero más. Sin intentar caer en el spoiler, el primer tomo de la autora pide más. Y no paro de realizar recreaciones mentales de lo que he leído. Como si hubiera visto con mis propios ojos un asesinato que va más allá de las pistolas. Veredicto: es una obra de las buenas. Pero tan bestia que hay ciertas escenas macabras que no consigo quitarme de la cabeza. Pero eso significa que es buena. 

Con los best seller pasa como con los restaurantes de moda. No sabes si son excelentes de verdad o el boca a boca ha hecho que nos lo creamos. ¿Cuántos autores desconocidos habrá que tengan potentes manuscritos como el que acabo de terminar esperando que un editor se los compre? Era el momento de Carmen Mola, la misma que se confiesa lectora más que escritora. Porque para escribir un buen libro hay que leerse otros tantos. 

Son las 3:00 AM pero me quedo con las ganas de saber más sobre la autora que firma con pseudónimo, lo que le da aún más puntos. Su cuidada manera de narrar el asesinato de dos jóvenes gitanas educadas como payas, el devenir sobre los posibles autores de los homicidios y la despiadada manera de hacerlo me producen una intensa curiosidad. ¿Quién es? 

Esta es la única pista de la que dispongo: “Carmen Mola (Madrid, 1973) es profesora de universidad. Vive en Madrid con su marido y sus tres hijos. La novia gitana es su primera novela”. Alfaguara no nos desvela más. ¿Tiene algo que ver la autora con la trama? ¿en qué se inspiró?

Mis intentos acaban por frustarme, pero encuentro este artículo de Zenda Libros en el que María Fasce cuenta cómo se produjo el flechazo entre la escritora y la editorial. Cómo el manuscrito llegó a las manos de la agente literaria Justyna Rzewska sin saber quién estaba detrás y cómo encandiló también a Alfaguara. Todos querían conocerla y ella (o él) no se dejaba. Si la novela es un éxito puede no caer en las mieles del mismo bajo su capucha del anonimato, y si fuera un fracaso “no tendría que dar explicaciones a nadie”, como asegura a la autora del artículo. 

Una inspectora con personalidad propia y un equipo policial variopinto que son la joya de La novia gitana, ambientada en un Madrid con detalles que no se le escapan al que conoce la capital. La autora conoce bien la ciudad y el libro respira aires castizos. El libro es también una crítica al racismo que todavía rodea a la etnia gitana (lean el libro y verán) y una oda al protagonismo de la mujer en profesiones en las que hace unos años ni lo hubieran soñado. 

Son las 3:00 AM y ya estoy deseando hacerme con La red púrpura, la continuación de La novia gitana. 

Poesía en verano: Antonio Machado

El verano es ese que nos lleva de nuestra tierra a destinos soñados en periodo laboral, donde el agua salada aclimata los cuerpos bañados en calor a la mojama. Y ahí nos vemos, año tras año, cargando el petate rumbo a nuestro destino vacacional. Tres, cuatro, cinco horas. Incluso seis. Es igual, tarde o temprano pasaremos por los campos de Castilla. Tierras labradas y casi todas secas, amarillentas del sol que quema hasta las ideas, que encierran los pensamientos de quien las ha trabajado. Y cuando dejamos pueblos atrás en esas rectas soporíferas -y sin quejarse, que veinte años atrás los atravesábamos uno por uno- siempre me pregunto: ¿y cómo será la vida de las personas que los habitan? Y les haría un CIS detallado a prueba de cocinas para averiguar cuánto les separa su vida de la mía. 

El verano es tiempo de lecturas dedicadas a este tiempo, que deberían tener un rincón especial en las librerías de cada casa. Y quizás también para la poesía, porque es ahora cuando podemos digerirla, analizarla y sacar el provecho necesario de lo que no quieren y quisieron contar. Antonio Machado está en esa lista. En la de los escritores que consiguen emplazar al autor no al lugar de los hechos, sino al pensamiento de los implicados. De cómo Castilla influyó en Machado porque él se dejó influir por ella más allá de atravesarla carretera a través. 

Para entenderle tenemos que transportarnos hacia la lírica de su tiempo de raíz simbolista-modernista de influencia francesa, que decidió erradicar en Campos de Castilla (1912) y de ahí la clave de este libro en el que la pérdida de su querida Leonor le rompe por dentro y con la sociedad en la que vive. Un libro escrito en dos tiempos completamente distintos del autor es una joya porque es una apertura de su alma al lector y por ello ese acto de sinceridad le tenemos que estar agradecido. 

Porque Machado se distancia de la verborrea y el estilo alejado de la realidad para mancharse las manos con la tierra de su querida Soria y Baeza, donde vive con melancolía y tristeza sus recuerdos de un pasado fructífero. Decide abandonar el traje del escritor que en tiempos presentes podría ser el de un influencer para decirle al mundo su realidad, tal y como es, con sus dichas y desgracias. Del “yo” a “lo que me rodea”. 

“¿No seremos capaces de soñar con los ojos abiertos en la vida activa, en la vida militante?”

“¿No seremos capaces de soñar con los ojos abiertos en la vida activa, en la vida militante?” Se pregunta el autor en el momento álgido de su vida, el soriano y el que vive ese “yo” con intensidad, para luego convertirse en el hombre contemplativo que observa la vida que le rodea. Y por eso es su obra más sincera, provechosa, y de profunda reflexión para el que la lee.

Y más allá de su desgarradora vida personal, ¿qué conclusiones podemos extraer de sus poemas?  La conclusión de su propio CIS sobre las tierras en las que vive es un tanto desalentadora: “atónitos palurdos sin danzas ni canciones”. Así describe una sociedad ya no sólo sufre de pobreza material, sino también moral de un tiempo decadente. Segundo: el caminante español es el de entonces y el de ahora, el de “una España que muere y otra que bosteza”. Y da igual que la poesía quede escrita a principios del XX que en pleno boom de la Inteligencia Artificial. Este país siempre lucirá entre dos orillas, y los que se quedan en el centro parece que la corriente del río se los lleva. “Una de las dos Españas ha de helarte el corazón”.  

De especial relevancia destaca el romance La tierra de Alvargonzález, de estilo narrativo y que narra la historia cruenta de una familia tocada por la codicia; y los últimos versos del libro, entre ellos los Proverbios y cantares: 

I

“Nunca perseguí la gloria 

ni dejar en la memoria 

de los hombres mi canción; 

yo amo los mundos sutiles, 

ingrávidos y gentiles 

como pompas de jabón. 

me gusta verlos pintarse 

de sol y grana, volar 

bajo el cuelo azul, temblar

súbitamente y quebrarse”. 

IV 

“Nuestras horas son minutos 

cuando esperamos saber, 

y siglos cuando sabemos 

lo que se puede aprender”.

L

“-Nuestro español bosteza. 

¿Es hambre? ¿sueño? ¿hastío? 

Doctor, ¿tendrá el estómago vacío? 

– El vacío es más bien en la cabeza”.