Poesía en verano: Antonio Machado

El verano es ese que nos lleva de nuestra tierra a destinos soñados en periodo laboral, donde el agua salada aclimata los cuerpos bañados en calor a la mojama. Y ahí nos vemos, año tras año, cargando el petate rumbo a nuestro destino vacacional. Tres, cuatro, cinco horas. Incluso seis. Es igual, tarde o temprano pasaremos por los campos de Castilla. Tierras labradas y casi todas secas, amarillentas del sol que quema hasta las ideas, que encierran los pensamientos de quien las ha trabajado. Y cuando dejamos pueblos atrás en esas rectas soporíferas -y sin quejarse, que veinte años atrás los atravesábamos uno por uno- siempre me pregunto: ¿y cómo será la vida de las personas que los habitan? Y les haría un CIS detallado a prueba de cocinas para averiguar cuánto les separa su vida de la mía. 

El verano es tiempo de lecturas dedicadas a este tiempo, que deberían tener un rincón especial en las librerías de cada casa. Y quizás también para la poesía, porque es ahora cuando podemos digerirla, analizarla y sacar el provecho necesario de lo que no quieren y quisieron contar. Antonio Machado está en esa lista. En la de los escritores que consiguen emplazar al autor no al lugar de los hechos, sino al pensamiento de los implicados. De cómo Castilla influyó en Machado porque él se dejó influir por ella más allá de atravesarla carretera a través. 

Para entenderle tenemos que transportarnos hacia la lírica de su tiempo de raíz simbolista-modernista de influencia francesa, que decidió erradicar en Campos de Castilla (1912) y de ahí la clave de este libro en el que la pérdida de su querida Leonor le rompe por dentro y con la sociedad en la que vive. Un libro escrito en dos tiempos completamente distintos del autor es una joya porque es una apertura de su alma al lector y por ello ese acto de sinceridad le tenemos que estar agradecido. 

Porque Machado se distancia de la verborrea y el estilo alejado de la realidad para mancharse las manos con la tierra de su querida Soria y Baeza, donde vive con melancolía y tristeza sus recuerdos de un pasado fructífero. Decide abandonar el traje del escritor que en tiempos presentes podría ser el de un influencer para decirle al mundo su realidad, tal y como es, con sus dichas y desgracias. Del “yo” a “lo que me rodea”. 

“¿No seremos capaces de soñar con los ojos abiertos en la vida activa, en la vida militante?”

“¿No seremos capaces de soñar con los ojos abiertos en la vida activa, en la vida militante?” Se pregunta el autor en el momento álgido de su vida, el soriano y el que vive ese “yo” con intensidad, para luego convertirse en el hombre contemplativo que observa la vida que le rodea. Y por eso es su obra más sincera, provechosa, y de profunda reflexión para el que la lee.

Y más allá de su desgarradora vida personal, ¿qué conclusiones podemos extraer de sus poemas?  La conclusión de su propio CIS sobre las tierras en las que vive es un tanto desalentadora: “atónitos palurdos sin danzas ni canciones”. Así describe una sociedad ya no sólo sufre de pobreza material, sino también moral de un tiempo decadente. Segundo: el caminante español es el de entonces y el de ahora, el de “una España que muere y otra que bosteza”. Y da igual que la poesía quede escrita a principios del XX que en pleno boom de la Inteligencia Artificial. Este país siempre lucirá entre dos orillas, y los que se quedan en el centro parece que la corriente del río se los lleva. “Una de las dos Españas ha de helarte el corazón”.  

De especial relevancia destaca el romance La tierra de Alvargonzález, de estilo narrativo y que narra la historia cruenta de una familia tocada por la codicia; y los últimos versos del libro, entre ellos los Proverbios y cantares: 

I

“Nunca perseguí la gloria 

ni dejar en la memoria 

de los hombres mi canción; 

yo amo los mundos sutiles, 

ingrávidos y gentiles 

como pompas de jabón. 

me gusta verlos pintarse 

de sol y grana, volar 

bajo el cuelo azul, temblar

súbitamente y quebrarse”. 

IV 

“Nuestras horas son minutos 

cuando esperamos saber, 

y siglos cuando sabemos 

lo que se puede aprender”.

L

“-Nuestro español bosteza. 

¿Es hambre? ¿sueño? ¿hastío? 

Doctor, ¿tendrá el estómago vacío? 

– El vacío es más bien en la cabeza”.

 

 

El mundo turbio ante Brassaï

Él, el fotógrafo, se adentra en el prostíbulo con su ayudante, el “cómplice”, compañero de batallas y dueño del “posado-robado” que aparecerá en sus negativos. Ella, la madame, le recibe con insignificancia. Otro loco voyeur más, opinará. Y ella, la prostituta, volverá a romper su dignidad una noche más. Lo sabe, pero no lo piensa demasiado, y el halo de recato quedará en su cara tapada por el fogonazo de la cámara. Son los bajos fondos de París de los años 30. Es la Europa que respiraba alegría antes de la Guerra. Después costaría volver a reír cigarrillo en mano. Y ese mechón engominado en la frente. Son curiosas las modas. Las de ahora y las de entonces. Pero, supongo que por el paso de los años, aquéllas transmiten una sensación de glamour entre lo chabacano.

Brassaï esperaba a la autora en la Fundación Mapfre como esa inspiración que al artista muchas veces le llega admirando los trabajos de los demás. De los que valen esa admiración, más bien. Y al salir se ve a sí misma imitando su estilo en las calles de Madrid. No queda demasiado para que pase un siglo entre unas y otras. La capital es un estallido de obras, como todos los veranos, pero este año, por aquello de que los comicios están cerca huele a yeso por todas partes. El centro es la gran maraña en la que nos gusta meternos. Luego lo agradeceremos, pero este año no.

Y Brassaï teletransporta al Lapin Agile de Montmartre. Es curioso, todo sigue (casi) como estaba, si no fuera por el estilo de las protagonistas de la foto, cuidado como hoy una instagramer ante sus followers. Entonces ellas no sabían que hoy estaríamos mirándolas con curiosidad, en pleno 2018 y casi tan descolocados como entonces. Brassaï tenía esa capacidad que pocos tienen, la de encontrar la perfección en lo banal.

¿Qué te inspira un árbol? A la mayoría un tronco con ramas, hojas y flores. A Brassaï un compendio de geometrías de distintos colores, la corteza del plátano que marca el inicio y fin de una estación, como si se tratara de la piel a punto de caerse, las escamas de una serpiente a punto de mudar. He ahí esa maravillosa unión entre los seres vivos. Unidos por células muertas. Los tejidos de la naturaleza.

El surrealismo de principios del siglo XX buscaba lo maravilloso en lo cotidiano. Pero es que lo segundo es el verdadero milagro. Brassaï era el ojo de París, como así lo apodaba su amigo Henry Miller. “Lo que más ambiciono es hacer algo nuevo y penetrante con lo banal y lo convencional, mostrar una faceta de la vida diaria como si se viera por primera vez”. El insomne lee o cuenta ovejas para dormir. Él salía a la calle a buscar luces, sombras, cortes geométricos. La ininterrumpida continuidad de la civilización.

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La lectura calla necios

Amanece nublado en la villa cervantina, pero los libreros desenfundan sus productos en una plaza que huele más a celulosa durante unos días. Frente al imparable avance de Amazon, donde cualquiera puede vender sus publicaciones a través de e-books, aún hay melancólicos que disfrutan de la narcotizante experiencia de analizar los escaparates de estos quioscos.

Pero hay algo que preocupa observar en todos ellos. Entre libros escondidos sobre temáticas tan rebuscadas que es difícil no fijarse, los más vendidos se repiten como boletus en los otoños lluviosos en todas las casetas. Los nuevos escritores, o los que intentan hacerse un hueco una y otra vez ven sus sueños frustrados en un mercado que premia siempre a los mismos y deja poca oportunidad a los que se atreven a publicar, que hemos de decir, son muchos: el sector editorial registró en 2017 un 7,3 por ciento más de títulos nuevos respecto a 2016. De ellos el 31 por ciento eran digitales. Porque aún nos gusta colocar el marcapáginas, o el ticket del tren, o la lista de la compra, o en el caso de los más valientes doblar una de las esquinas con la consecuente sensación de estar hiriendo un ejemplar.

Heridas que duelen como si de un ser vivo se tratara, y recuerda una servidora una anécdota en la que en una de las redacciones en las que trabajó fue testigo de cómo entre varios redactores se repartía un ejemplar de un libro. La táctica elegida no era la de fotocopiar las páginas, sino arrancarlas directamente del lomo. Y entonces al despegarse dejaban un rastro de pegamento en forma de hilo como si de su sangre se tratara, y el dolor mental era como el de alfileres clavados. Y ese momento tan surrealista como veraz demostró ser la prueba fehaciente de que el libro es como un ejemplar de oro vivo que aguanta con estoicismo el pasar de los años, de mano en mano y de vida en vida. Y de ahí que el crecimiento del subsector digital sea lento.

7 de octubre de 1926. España celebra el primer Día del Libro. O entonces la “Fiesta del Libro Español”. Ay de muchos los que criticarían el haber puesto ese nombre por facha, fascista, y otras tantas dedicatorias, sobre todo cuando la idea había partido de un editor valenciano afincado en Barcelona. Bromas quisquillosas aparte, este país puede vanagloriarse de una calidad literaria que se encuentra en lo alto de la pirámide.

Difícil hacer una retrospectiva de lo que le depararía al país en cuestiones literarias. Hay mucho y muy bueno. Hay una evolución que coloca en los últimos años entre los más vendidos a autores de dudosa relevancia, pero cuyo puesto en las listas debe respetarse como se respeta a los lectores. Pero también hay oro. Desde Sonetos del amor oscuro de Federico García Lorca, no recopilados y publicados hasta los años 80 y que constituyen la crema de la poesía española y debido referente en escuelas y talleres. La Colmena del Cela de los años 50, chirriante entonces para el poder por sus alusiones a temas tan escabrosos entonces como el sexo. La rebelión de las masas, de José Ortega y Gasset como la obra que clarificaba lo que vendría después, o Niebla, de Unamuno.

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Entre cavernícolas e imborrables

Virginia Woolf no deseaba que las mujeres tuvieran el poder sobre los hombres, sino “sobre ellas mismas”. El ser humano como ciudadano debe luchar por sus derechos individuales entre iguales. Y esa debe ser la lucha. Las mujeres no están por encima de los hombres, al igual que éstos tampoco lo deben estar. Es la meritocracia la que tiene que prevalecer por encima del género. En caso contrario y con las cualidades humanas anuladas por cuestión de género, estamos perdidos.

Y lo escribe una mujer que no quiere tirar piedras sobre su propio tejado. Enorgullecen los primeros pasos marcados con fuego: la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana de 1791 (aunque llegara dos años después) sello de Olympe de Gouges. La Asociación Americana para el Sufragio de las Mujeres, el acceso por primera vez en España de una mujer a la universidad (eso sí, bajo el permiso especial del rey Amadeo I). Marie Curie recibe el Premio Nobel de Física. Margaret Thatcher llega al poder. La Constitución española reconoce la igualdad entre hombres y mujeres. Son los hitos logrados hasta ahora. Que podrían acabar reducidos a cenizas si perdemos la personalidad y heroicidad de lo conseguido hasta ahora.

Y sí, aunque en los últimos años la brecha salarial entre hombres y mujeres se ha reducido, habrá que esperar 70 años para que desaparezca según la Organización Internacional del Trabajo. Con la lacra de la violencia de género, que dejó al menos 56 mujeres asesinadas en 2017. Que debe seguir teniendo el altavoz en los medios de comunicación y recibir el apoyo necesario por parte de la sociedad.

Y llegó el movimiento #Metoo. Y las actrices se vistieron de negro contra Harvey Weinstein o Kevin Spacey. Y en España, con escasa personalidad por cierto, apoyó la campaña en los Premios Goya. Pero esa misma noche vimos dos directoras nominadas al legendario cabezón. La gala, que tendría que haber sido la más reivindicativa, se convirtió en la más cavernícola, con una presentación que, ya sabemos, dejó mucho que desear, con una aparición estelar de la actriz Cristina Castaño que mereció haberlo hecho toda la gala, para olvidar así vómitos inemitibles y dientes pintados de chocolate al más puro estilo adolescente acnéico por parte de Ernesto Sevilla y Joaquín Reyes, pareja que en otros contextos han despertado en muchos de nosotros alguna que otra carcajada.

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Sociedad desencantada

Hay quien dice que estamos viviendo una segunda transición. Hay quien vende titulares con mensajes asustadizos. Y luego están los datos de participación: En las de 2011 la participación fue del 69,8%. Este domingo fue del 67,5%, 2,3 puntos menos. La sociedad desencantada. Esta nueva página escrita en la historia española recuerda que estamos algo estancados. Es el momento ideal para reflexionar. Siempre mejor con libros y cine. Porque la culpa no es sólo de la política:

¿Periodismo demasiado sensacionalista?: El gran carnaval.

[youtube https://www.youtube.com/watch?v=mvQP6iROZsc]

El show de Truman. El otro día escuchaba a un crítico de televisión decir que el mundo del reality show nos ha dejado una generación a la que le cuesta ya hasta ver un documental. Es probable.[youtube https://www.youtube.com/watch?v=yjKuwfIKPtg]

Un profesor ha llegado lejos en la política. Imitaba al protagonista de esta película. ¿Tendrá algo que ver?[youtube https://www.youtube.com/watch?v=y2m3OO5clPU]

El cine español deja algunas buenas perlas como esta. Para pensar.[youtube https://www.youtube.com/watch?v=WQAfAlZ8TCw&w=420&h=315]

Palmira

PalmiraPalmira, la perla del desierto sirio, a 240 kilómetros del norte de Damasco, la que fuera antigua capital del Imperio de Palmira, Patrimonio de la Humanidad y ahora en peligro tal y como declara la Unesco.

El periódico NYT ha hecho una buena infografía sobre cómo el Estado Islámico se ha hecho con la ciudad:

A partir de ahora abandona su lujoso traje monumental para ponerse los harapos de zona de guerra, campo de batalla. Más de 460 muertes, 71 civiles, 12 de ellos menores.

Temple_of_Baal-Shamin,_Palmyra

Aunque el gobierno sirio ha retirado algunas de las estatuas de la ciudad, sólo hay que ver este capricho histórico, imposible de transportar, sí de demoler.

El Estado Islámico domina más de la mitad de la superficie de Siria, 95.000 kilómetros cuadrados.

El periodista Mikel Ayestaran publica este vídeo en su perfil de Twitter.

[youtube https://www.youtube.com/watch?v=DNMyBW4huFw&w=560&h=315]

Es la realidad.

La cultura según Emilio Lledó

«La riqueza de un pueblo no es la del suelo, sino la del cerebro». «La ignorancia cultivada genera violencia». Leer a Emilio Lledó es enriquecer la mente. En su discurso en la RAE Las palabras en su espejoEmilio_Lledó Su profundo estudio de la filosofía y el lenguaje le ha llevado a desmenuzar con conciencia a los clásicos griegos Aristóteles o Platón, embrión de El surco del tiempo con el que ganó el Premio Nacional de las Letras. Habla de educación como amor a las letras. El logos, la hermenéutica. Historia de los clásicos que ya no se estudia como antes.

¿Falta moral? lo primero es la cultura. ¿Lo es para nuestros gobernantes? la respuesta es negativa. Con números se sostienen nuestras casas, con intelecto se consiguen y mantienen esos números. Un hecho que a veces olvidamos, sumidos en esa «empobrecida individualidad», como lamentaba en esta entrevista a ABC. «La característica esencial del político es que sea una buena persona».

¿Haremos caso de sus enseñanzas? Faltan filósofos. “La culpa la tiene esa concepción cuadriculada de la enseñanza que hace que los alumnos se obsesionen con que están en la universidad para ganarse la vida”, aseguraba a El Cultural. Para cultivarnos con su sabiduría, tareas a partir de hoy:

Los libros y la libertad
Filosofía y lenguaje 
Elogio de la infelicidad
El epicureísmo
El surco del tiempo
Imágenes y palabras
La memoria del logos
Lenguaje e historia 
Memoria de la ética
Días y libros
El silencio de la escritura