España como leyenda negra o la máquina de los votos

Nada tiene de ensalzable que España (o “este país”, como a algunos gusta denominar su propia patria) se haya calzado el zapato de la polarización diaria. Lo lógico sería, en este sentido, que la población española celebrara con orgullo la fiesta nacional, su fiesta, la nuestra. Pero despertar del sueño supone ver desde la barrera al PP por un lado como precursor de la campaña que anima a colgar la bandera en los balcones el 12 de octubre y, por otro, una campaña institucional firmada por Pedro Sánchez en la que ya no vemos el lema “orgullosos de ser españoles”. El ya habitual #nadaquecelebrar llama a tomar las calles de Barcelona para sacar músculo, “resistencia anticolonial, antirracista, antipatriarcal”. Los abucheos en el desfile se convierten en un clásico. La melodía cansa cada año más mientras la historia se mantiene firme ante los ojos del que lo quiera leer.

España se ha convertido en uno de los pocos países que de cara al exterior parece, hoy, avergonzarse de sí mismo. Cuando antaño fue germen de un imperio que duró 300 años, que pese a la insistencia de las corrientes románticas de la leyenda negra logró la convivencia directa, no colonial y de carácter mestizo en América. Han pasado 526 años y hoy la lengua española puede presumir de 550 millones de hispanohablantes que no se avergüenzan de hablarlo. ¿Si de verdad la acción en América hubiera sido destructiva y de aniquilación podríamos dar estos datos tan alegremente? ¿sería la mayoría de la población actual de origen indígena?

El profesor Pedro Insua analiza la relación de España con moriscos, judíos y nativos americanos en 1492. España contra sus fantasmas, un libro que llega en el momento adecuado y que es de recomendable lectura para las nuevas generaciones ante el juicio moral condenatorio que la nación ha sufrido. El paso de los siglos ha generado una corriente que pone el acento en el “mito andalusí”, la idea romántica de la “España mora”, bien como un reclamo turístico, bien por intereses autonomistas, una forma de hacernos creer que la expulsión de los moriscos fue una guerra racial, cuando más bien se trató de una acción geoestratégica.

Es como si despreciar a España se hubiera convertido en motivo de ascenso, de reconocimiento, de apuesta segura. Como Juan Goytisolo en Reivindicación del conde Don Julián, la antesala de la hispanofobia en la que tilda a esa “España de mierda”. Como aquellos que defienden que la expulsión de los judíos de la península trajera el mal de la decadencia de España, sobre todo porque en pleno siglo XVI el país no se trataba precisamente de una nación económicamente retrasada.

La “España inquisitorial” contra el avance de Europa dio pie a que Darwin fijara en la actividad del Tribunal al causa de su decadencia. Según Anna Gabriel (CUP) hoy vivimos la “Santa Inquisición” porque causó revuelo la imagen de una pareja en un acto de libre albedrío sexual en el metro de Barcelona. Es la tergiversación como cruel paranoia del mal que nos ha tocado vivir. Una visión “negrolegendaria”, como así la denomina Unsua, que se convirtió en tema literario para Edgar Allan Poe o Miguel Delibes, pero que Stanley Payne recuerda en La España imperial, que en el suroeste de Alemania fueron más reos condenados a muerte de hechicería que la Inquisición en toda su historia.

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NO

Todo le hubiera ido mejor si hubieran tendido la mano antes. Todo le hubiera ido mejor si aceptara antes los deberes. Todo habría terminado ya si en la gestación apareciera un epígrafe: “Procedimiento en caso de incumplimiento”. Pero ni la UE puede echar a Grecia ni la misma salir. “No” como respuesta a las exigencias europeas. “No” a una salida del euro. La negación impera.

La envidia de los otros por una Unión que todavía se acuerda del último bombardeo que cada día suena más lejos pero que aún está latente. La dichosa genética que hace de un continente un mar de diferencias entre naciones que inevitablemente las lleva al conflicto.

Sobre la mesa, esa frase de Kant: “La democracia constituye necesariamente un despotismo, por cuanto establece un poder ejecutivo contrario a la voluntad general. Siendo posible que todos decidan contra uno cuya opinión pueda diferir, la voluntad de todos no es por tanto la de todos, lo cual es contradictorio y opuesto a la libertad”. ¿Saben lo que realmente votan con un “OXI”? ¿Se ha convertido ese “OXI” en una marca? ¿Es puro marketing? ¿Es la voluntad de todos real cuando la pregunta emborrona la realidad en la que los griegos viven confundidos? ¿Qué quiere el pueblo? ¿Quién no se queja de algo?

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Grecia o cómo hemos llegado hasta aquí: los bancos y el sistema público

A escasas horas de saber lo que le espera a Grecia y por ende al resto de Europa, dejo algunos artículos que dan pistas sobre el cómo hemos llegado hasta aquí.

  • La entrevista al profesor de la Universidad de Brown Mark Blyth revela lo que el Gobierno de Tsipras ha querido ocultar todo este tiempo. Que el 82% de las ayudas ha ido directa a los bancos. Blyth no es demasiado optimista con el futuro griego por la escasa experiencia europea ante este tipo de problemas, que por cierto bien podrían haber previsto en sus orígenes. Texto y entrevista de Pablo Pardo (El Mundo). 
  • Y enlazo lo que publica en el mismo medio Carlos Segovia. «No filtréis lo de nuestros bancos», le pidió Varufakis a Europa. Al igual que Blyth, desliza errores pasados que pueden haber causado estos males mayores. Es decir, en lugar de poner a prueba la capacidad de chantaje de Tsipras y una situación límite, tendrían que haber levantado la mano antes. Europa ha terminado en una negociación tercermundista impropia de la institución que la representa.
  • Como siempre en una crisis, analizamos el cómo hemos llegado hasta aquí. Aunque en breve caigamos de nuevo con la misma piedra. Tano Santos hace un buen análisis en Nada es Gratis: pasivos enormes como consecuencia de un déficit del sector púbico (por aquello del estado del bienestar ilusorio), la expansión crediticia o la mala situación geográfica. Ahora los griegos quieren suspender pagos pero seguir en el euro. No es muy factible la opción. La democracia queda un poco ente interrogantes cuando la conclusión de todo esto es que son al final los contribuyentes alemanes, franceses o españoles los que pagan. Y no estamos mucho mejor. Y el problema de las pensiones, del que aquí debemos tomar nota. Es más fácil dejar que los jóvenes se las apañen que buscar una solución menos egoísta para todos.
  • Las consecuencias del «sí» o el «no». Con la primera opción Tsipras no sólo tendrá que agachar la cabeza, sino desaparecer del mapa. En el horizonte también entran nuevas elecciones. En el caso del «no», seguirá siendo Europa la que manda así que no tiene mucho sentido. Los bancos quedarán al borde del colapso. No pinta demasiado bien. Todo ello lo explica Miquel Roig en Expansión. 
  • La culpa es griega, pero también europea, no nos engañemos. Hasta el FMI asegura que no lo han hecho bien. Hasta ahora no han conseguido reformar o ayudar en ello a Grecia. Lo cuenta Mario Saavedra en Vozpópuli.

¿Quién caerá del sillón?

Aún nos estamos limpiando de los platos que han volado entre los candidatos en esta campaña hundida en el fango, tributaria, poco respetuosa y en el que los ciudadanos han sido los peor parados. Las propuestas se esperan como agua de mayo entre tanto round. Los partidos están nerviosos, mucho.

1. El lío de las filtraciones. Rato y su detención, sospechosa cuanto menos, la filtración. ¿Quién fue? ¿Y el resto de la lista? nunca más se supo, salvo la fianza de 18 millones de euros que deberá depositar para liberar sus cuentas. Monedero y la publicación de sus datos económicos en la prensa. «¡Montoro, no te tengo miedo, tengo mis cuentas muy en regla!».  La investigación se quedó tan en el limbo como el destino de nuestros impuestos. La declaración de la Renta de Esperanza Aguirre, que más allá de justificar un dinero que más quisiera ganar mucha gente y un premio literario extraño, no tiene mayor importancia. Sí su filtración.

2. ¿Quién las filtró? Muchos son los que han señalado con el dedo inculpatorio a la Agencia Tributaria, pero pierden de vista los círculos de partidos de la oposición o, por qué no, la persona que hace las declaraciones de la Renta, o incluso la entidad financiera en la que el afectado tiene depositadas sus cuentas. Es importante recalcar que cada dato al que un funcionario accede queda registrado, por lo que sería fácil saber qué mano mece la cuna.

3. La polémica por las publicaciones. La prensa está en todo su derecho a publicar esa filtración. Otra cosa es la suerte que corra el funcionario que la haya proporcionado al periodista. En este punto las palabras del ministro de Justicia se quedaron en un error, lapsus o desconcierto del momento.

4. Los platos también le caensueños a Carmena. No se libra la candidata a la Alcaldía por Ahora Madrid del baile de sables. Un fallo en el pasado de su marido y una decisión judicial sin delito de alzamiento de bienes donde puede que lo hubiera han intentado manchar una trayectoria judicial bastante completa. Pero ni siquiera en este punto su contrincante supo atizar como debiera en el bochornoso debate que protagonizaron en la pública autonómica. Aguirre recurrió en demasiadas ocasiones al recurso más fácil, que no por lo mismo menos desgraciado, del terrorismo, sin hundir más el dedo en la llaga del escándalo laboral de su marido.

5. ¿Propuestas? O a los ciudadanos nos gusta demasiado la carnaza, o aún no hemos comprendido en qué consiste el cambio y la regeneración política, empezando por nuestra labor periodística. Llegará el domingo, iremos a votar y nos acordaremos del escándalo. ¿Pero qué me prometía este o este otro?