Aún sin encontrar la regeneración

España ha vivido un cambio. ¿Pero de qué tipo? ¿De verdad reforzará las bases de la democracia del 78? ¿O son los cimientos los que hay que modificar para hablar de una verdadera regeneración? Daniel Ordás propone en un interesante artículo en Debate21 una suerte de “políticos milicianos” que tengan los pies en tarima privada y en el Parlamento: que compartan sueldo público con uno privado. Porque lo de que los políticos no tiempo ni para respirar podría ser de una exageración infinita:

  • “En los últimos días nos hemos ido enterando de que el 70% de los 350 parlamentarios del Congreso tienen una actividad paralela. El error es considerar el trabajo normal una actividad paralela. Esa debería de ser la actividad principal, y lo paralelo debería de ser la actividad parlamentaria”
  • “Si el hecho de dedicarse, durante una o dos legislaturas, a una tarea tan digna y admirable como es el formar parte de un parlamento, no implicase despedirse de la vida laboral o de su empresa, podríamos captar para la política a una enorme cantidad de trabajadores, empresarios y profesionales, que hoy no pueden dar ese paso, porque sería un suicidio económico y laboral o se tendrían que corromper”
  • “Parlamentarios autonómicos que de lunes a miércoles son ginecólogos, panaderos, taxistas, abogados, farmacéuticos o profesores y los jueves y viernes se dedican a la tarea parlamentaria están “al pie del cañón”, conocen los problemas reales de los ciudadanos, de sus gremios, de las empresas y de los trabajadores. Son ciudadanos activos que desde la vida real aportan sus conocimientos cotidianos y no requieren asesores ni consejeros. Los expertos tienen que ser los propios parlamentarios”
  • Los “políticos milicianos” tienen que declarar ya en la campaña y en caso de ser elegidos de nuevo, su profesión, un oficio, así como sus “listas de intereses”. Esto hace que el sistema sea mucho más honrado y transparente. Yo prefiero votar a un señor que trabaja en un sindicato, o en un banco, o en una fundación gay, o en una empresa de energía nuclear, sabiéndolo de antemano, que partir de la hipócrita hipótesis de que los candidatos tienen que ser limpios, puros y vírgenes y que su único afán es el bien público.

Los mismos políticos caen en su propia trampa con una suerte de corrupción sin delito. ¿Se puede compatibilizar el sueldo público y privado? sí. Otra cosa es que es no se publique. Y ahí lanzo la pregunta para debate: ¿Deberían entonces los mismos presentar todos sus ingresos?

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