¿Dónde está el paraíso?

“Aquí, en el paraíso, no puede haber crímenes”. Me gustó esta frase quimérica pronunciada por un miembro de la inteligencia soviética de los años 50 y que los espectadores pueden escuchar en la hace poco estrenada El niño 44, del chileno-sueco Daniel Espinosa y producida por el mesiánico Ridley Scott.

Es tan cruel y a la vez tan interesante conocer el límite de la insolencia del ser humano en cualquier rincón del mundo. Sólo que la apariencia de bondad hace el resto. Las vendas con olor a rosas son muy poderosas.

Ese aire de esponjosidad manifiesta que en Corea del Norte se puede apreciar con nitidez, y que tan bien conocen nuestros padres y abuelos como viejos (o no tanto) recuerdos de la España franquista. O más duro el mundo soviético. O igual pero aún más disfrazado y que, por cierto, todavía existe en Rusia. Pero no tan cruel. O en apariencia.

El niño 44 está basada en un libro con título homónimo y que recomiendo a todo aquel que guste devorar todo lo relacionado con la más reciente historia rusa post-bélica.  El orden tan pulcro tras el que se esconde un profundo temor a hablar más de la cuenta, a relacionarse con lo que puede ser una muerte futura o el más desgraciado gulag.

¿Por qué afirma con tanta perseverancia que en su país, al que llama paraíso, no hay crímenes?

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